jueves, 18 de marzo de 2010

Los diarios de un rebelde

El minuto del lagarto



Nos ha costado millones de años llegar hasta aquí ¿hasta dónde? Hasta esto que llamamos "civilización". Si nos entendemos como seres evolutivos impulsados por la "Élan vital" término introducido por Bergson, "fuerza vital" o "impulso vital", fuerza hipotética que causa la evolución y desarrollo de los organismos.
Y de repente ya no partenogénesis egoísta sino cópula, ya no uno sino dos, y de repente ya no huevo sino zigoto, ya no frío sino animal caliente, ya no piel de lagarto sino plumas, ya no pluma sino pelo, ya no ignorancia sino conciencia. Un "de repente" muy largo que navegó el universo como polvo de estrellas hasta encarnar en un ser capaz de la poesía, de la música y del amor, imperfecto, todavía abocado a la ignorancia y la destrucción periódica. A ver surgir imperios y caer imperios.

Cuando un imperio cae arrastra todo a su paso, prendas victorianas y cajitas de música, familias y conceptos y creencias. ¿Porque no eran o porque no se sustentan? Sobre qué se sustentaban entonces, ¿sobre las varillas de un sistema económico? ¿de un sistema folosófico? ¿sobre los edictos de una religión? ¿sobre los deseos traducidos en memoria, en conceptos, en materia, en ilusión o desencanto? ¿Era un edificio sin arquitectos? ¿han sucumbido los arquitectos de ese edificio? ¿qué nos queda?

Cuando un sistema cae ¿acaso no hay otro esperando su turno? Y mientras cae ¿quién dirige la obra de derribo? ¿desertores? ¿mercenarios? ¿revolucionarios?

Y entre esas ruinas quién camina aterido de frío, desesperado, desencontrado, ¿Tal vez el hombre? ¿tal vez la mujer? ¿el género humano?

La construcción de lo que somos tras tantos siglos de buceo, tras tantos cuentos, propaganda y mercado. Sí, mercado y propaganda, que no empezaron ayer. Pues ya los trovadores cantaban las hazañas de su señor. Y en el mercado de la vida se vendían honor y honra, riqueza y pobreza, esclavitud y libertad.

En tiempo de derribos cada cual, Antón, que aprenda su juego.

Pero si hemos construido eso que se llama amor, como una larga canción desde la cópula a Las Cortes de amor ¿hemos de claudicar?

El otro día en esos tan educativos documentales de naturaleza aparecía el corto y apresurado cortejo del lagarto, y en apenas un minuto lo hacían todo, cortejar, copular, enterrar sus huevos, retirarse a morir. Qué rápido y efectivo, un minuto, y sin hipoteca, comenté, y todos mis compañeros televidentes rieron conformes.

Pero es un lagarto, dije. Tiene la sangre fría. Y el tiempo y la piel de un lagarto son otros.

Verónica Pedemonte

1 comentario:

  1. Fe de erratas:

    Quise decir "filosofía" porque "folosofía" suena quizás a fósil que es en lo que devíenen algunas.

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